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Renacimiento Vitivinícola Valenciano: Rescate de Variedades Autóctonas Olvidadas

Jul 28, 20263 Min de Lectura

En el panorama del vino de Valencia, dos nombres, Bobal y Monastrell, acaparan la atención. Sin embargo, bajo esta prominencia, se esconde un vasto legado genético de cepas nativas que la devastación de la filoxera casi borra del mapa. Estas variedades, que una vez poblaron las tierras valencianas, sobrevivieron en rincones olvidados, en colecciones botánicas y en bancos de germoplasma. Hoy, un grupo de viticultores, dedicados a prácticas de mínima intervención, está devolviendo estas uvas ancestrales a las copas, reintroduciendo sabores y aromas que se creían perdidos.

La filoxera, que golpeó la región entre 1879 y 1890, diezmó viñedos enteros. La posterior replantación se centró en variedades de mayor rendimiento y aceptación comercial, dejando de lado la riqueza genética local. A pesar de esto, el Catálogo Valenciano de Variedades Tradicionales de Interés Agrario, que actualmente incluye 52 tipos de uva, muestra la enorme diversidad que aún perdura. Curiosamente, son los productores de vino natural quienes lideran esta revitalización. Su enfoque en bajos rendimientos, respeto por el terruño y procesos sin aditivos químicos se alinea perfectamente con las necesidades de estas variedades, que prosperan en suelos pobres y requieren paciencia y un clima mediterráneo continental. Con un 31.4% de su viñedo bajo cultivo ecológico, la Comunidad Valenciana se posiciona como pionera en esta tendencia.

Entre las uvas rescatadas, destacan la Merseguera, que fue la principal uva blanca del interior valenciano, reconocida por su frescura y acidez natural, ideal para vinos naranjas. La Verdil, exclusiva de las comarcas centrales, aporta notas anisadas y cítricas, una rareza con una concentración excepcional de las viñas viejas de secano. La Tardana, conocida por su ciclo vegetativo prolongado, exige otoños estables y se adapta a los suelos de Utiel-Requena, donde algunas bodegas la están domesticando para producir vinos con carácter impredecible. La Planta Fina, con cuatro siglos de historia, y la Valencí Negre, un patrimonio genético en recuperación, son ejemplos de la tenacidad de estas cepas. La historia más emocionante es la del Morenillo del Alt Palàncies, que se creía extinto desde 1915 y ha sido devuelto a la vida gracias a la labor de investigación y multiplicación de materiales vegetales, culminando en la producción de vinos experimentales que abren nuevas posibilidades enológicas.

Este esfuerzo no solo resalta la resiliencia de la viticultura valenciana, sino que también ofrece una visión esperanzadora para el futuro. Al recuperar y valorar estas uvas autóctonas, se celebra la diversidad, se fomenta la sostenibilidad y se enriquece la cultura vinícola. Es un recordatorio de que, a menudo, las mayores riquezas se encuentran en aquello que ha sido olvidado o subestimado, esperando ser redescubierto para ofrecer una identidad auténtica y una calidad inigualable.

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